Eliana Otta (Lima, 1981)

Es artista visual, magíster en Estudios Culturales por la Pontificia Universidad Católica del Perú y actualmente candidata para el Phd in Practice de la Akademie der Bildenden Künste, Viena, con su proyecto «Compartiendo lo perdido: un laboratorio para el duelo colectivo, hacia una política afectiva y transformadora». Ha expuesto su trabajo en ciudades como Londres, Nueva York, Barcelona, Cali y Cusco. Ha participado en residencias como Planta Alta (España), Gapado Air (Corea del Sur), Capacete (Grecia), Sommerakademie im ZPK (Suiza). Coordinó el equipo curatorial para el Lugar de la Memoria. Es miembro y cofundadora del proyecto Bisagra. Ha sido docente en la Facultad de Arte de la PUCP, en Corriente Alterna y en la Escuela Nacional de Bellas Artes. Es representada por la Galería 80m2 Livia Benavides.

LIBROS PUBLICADOS CON NOSOTROS

Lucía tiene calle (Pesopluma, 2021) es un viaje por la capital a través de los ojos de una niña en su vehículo favorito: su colorida y eficiente bicicleta. Lucía comparte con nosotros las memorias que tiene de distintos puntos del mapa, donde los paisajes externos se unen con las historias propias. Los desaparecidos cines de barrio, la vista panorámica desde el malecón de Chorrillos, las dulcerías favoritas de su abuelo o lo carteles de las bodegas son paradas obligadas para pensar cómo se ha ido transformando Lima. Barrios antiguos y nuevos, calles y edificios singulares, rincones y paisajes inolvidables conforman una geografía inusual, imaginaria y colectiva, que retrata nuestra capital y su reciente «desarrollo».

UN VIAJE AL UNIVERSO DE ELIANA OTTA

El primer libro que me marcó fue:

Se me viene un collage de títulos e imágenes a la cabeza, y la que regresa insistentemente es una de un libro para niños sobre sexualidad, en el cual se describía el ensanchamiento de la vagina durante el parto como un cuello “Jorge Chávez” que se estira para que entre una cabeza y luego vuelve a su forma. No recuerdo el nombre del libro, pero tenía ilustraciones muy bonitas y explicaba de manera sencilla y natural cómo conocer y hacernos amigas de nuestros cuerpos.

Mi top 3 de libros este año:

No publicados, pero leídos en 2020: Yana Allpa, el biocarbón, una solución ancestral amazónica a la crisis climática de David Schearer, Frederique Apffel-Marglin y Robert Tindall, La promesa de la felicidad de Sara Ahmed y The life of plants de Emanuele Coccia.

El libro que no terminé nunca.

La Ilíada, aunque tengo una larga lista de cosas que empecé a leer cuando era muy chica y debería darles una segunda chance de adulta.

El que cambió mi forma de entender la literatura.

Descubrir a Luis Hernández durante la adolescencia me hizo más leal a la poesía, a leerla y escribirla, por un buen rato.

● El libro que más me decepcionó  –y el que más me sorprendió–:

Supongo que las decepciones han resultado más indiferentes que memorables, porque no puedo recordar alguna ahora. Recientemente me sorprendió Almanac of the dead, de Leslie Marmon Silko. Escrito hace treinta años, es una fascinante profecía cumplida de Estados Unidos como un territorio de nexos entre especulación inmobiliaria y mafias de drogas, migración desesperada, deudas pendientes con comunidades despojadas, así como el regreso a conocimientos ancestrales en medio de búsquedas por nuevos horizontes políticos, entre milicias fanáticas e intentos de aterrizar el marxismo en movimientos indígenas campesinos.

● Tres escritoras y un escritor:

Gloria Anzaldúa, Octavia Butler, Silvia Federici y José María Arguedas. ¡Y una cuarta! Athena Athanasiou.

● El libro que me hubiera gustado escribir:

El texto Loss, love and mourning in the time of Eco-Genocide, de Gene Ray explica sensible y claramente las ideas que más me han tocado y con las que me más me he sentido identificada en los últimos años.

● Mi pasión culpable literaria:
El momento en que cambié mi colección de “chistes” (Pequeña Lulú, Sal y Pimienta, Lorenzo y Pepita, etc.) por revistas Susy Secretos del Corazón, en el mercado de Jesús María. Son un orgullo entre mis tesoros vintage y muy elocuentes de la socialización femenina en el siglo XX, pero fue un exabrupto muy monotemático.

● Mi mayor deuda literaria, ese que no leí y creo que debería:

Leer con verdadera dedicación a Vallejo.

● Lo que estoy leyendo:

What a body can do de Ben Spatz.

● La joya de mi biblioteca es:

Los libros publicados por seres queridos y admirados como Miguel López, Rodrigo Quijano, Tilsa Otta, Giuseppe Campuzano, Cecilia Vicuña  y una mágica constelación que afortunadamente crece con el tiempo.

● Mi rutina para escribir consiste en:

Apuntar cotidianamente frases y palabras claves en mi cuaderno, dedicar días a cerrar trabajos pendientes hasta tener días enteros sólo para escribir las ideas e historias acumuladas en mi cabeza. Más un proceso constante de lectura y subrayado con código propio, notas a los lados de las páginas y post-its de colores divididos temáticamente, aunque los libros de literatura se mantienen más limpios que los de teoría.