Romina Paredes
(Lima, 1987)

Practicó natación de manera profesional hasta los veintitrés años. Estudió Traducción e Interpretación, realizó un máster en Traducción Audiovisual y se especializa en traducciones sobre equidad de género. Tiene debilidad por las películas serie B y solo usa las redes sociales para ver videos de animalitos.

UN VIAJE AL UNIVERSO DE ROMINA PAREDES

El primer libro que me marcó fue:

El guardián entre el centeno.

Mi top 3 de libros este año:

La domesticación de las mujeres: patriarcado y género en la historia peruana, de María Emma Mannarelli; Teoría king kong, de Virginie Despentes; Y la muerte no tendrá dominio, de Victoria Guerrero.

El libro que no terminé nunca:

Un montón, casi todos del canon.

El que cambió mi forma de entender la literatura:

El amante, de Marguerite Duras.

● El libro que más me decepcionó  –y el que más me sorprendió–.

No me decepcionaron. Solo no me gustaron y los olvidé. Los que más me sorprendieron fueron un ebook de un dólar con unos cuentos espectaculares de Gertrude Atherton y Dubliners, de James Joyce. Tampoco me gustaron ni terminé nunca Ulises y El retrato del artista adolescente.

● Tres escritoras y un escritor: 

Virginia Woolf, Mariana Enriquez, Katya Adaui y J. D. Salinger.

● El libro que me hubiera gustado escribir:

El quinto hijo, de Doris Lessing.

● Mi pasión culpable literaria:

No me da vergüenza admitir que me gusta Alan Moore, George R. R. Martin y toda la literatura del universo de Warhammer 40k (de hecho, hice mi trabajo de fin de master acerca de la subtitulación en español y francés del videojuego).

● Mi mayor deuda literaria, ese que no leí y creo que debería:

Creo que cada lectura llega a mí en el momento adecuado.

● Lo que estoy leyendo:

The Sandman de Neil Gaiman.

● La joya de mi biblioteca es:

Tengo varias ediciones de El guardián entre el centeno: dos de bolsillo, en español y francés, y una tapa dura en inglés que mi hermana me trajo de Nueva York.

● Mi rutina para escribir consiste en:

Llego media hora temprano a mi trabajo para leer o escribir. A veces almuerzo en veinte minutos y aprovecho el resto del tiempo. O, si no, escribo los fines de semana con mi perro Odín roncando sobre mis piernas.